21 Dic 2008
“Olimpita”, por Carlos Cristóbal
Escrito en Artículos, General por Manu a las 21:50Hernán Migoya & Joan Marín
Norma Editorial, Cartone, 152 pag. B/N, 18 euros
La broma fácil nos llevaría a decir que, después de las exitosas aproximaciones al Alzheimer y el autismo por parte de las multipremiadas “Arrugas” y “María y yo” (ambas editadas por Astiberri), se abría la veda para elegir otra problemática de actualidad con la que prorrogar este momento dulce del cómic de “rollito social”. Y algo de eso hay en “Olimpita”, una obra en origen “de encargo” creada por Hernán Migoya y Joan Marín, y con la que Norma Editorial, espoleada por el éxito de “Persépolis”, pretende aprovechar el auge del formato novela gráfica y de las temáticas más cercanas al ciudadano de a pie (de esta forma recupera, de paso, su olvidada tradición como una de las casas más importantes a la hora de impulsar el trabajo de historietistas autóctonos).
Sin embargo, a pesar de nacer de una propuesta editorial, el carácter heterodoxo de su guionista, Hernán Migoya, evita que “Olimpita” caiga en lugares comunes y, sobre todo, pontifique sobre cuestiones tan delicadas como la inmigración o los malos tratos. El mediático escritor y cineasta, que en el pasado festival de Sitges presentó su primera película, “¡Soy un pelele!”, vuelve a demostrar que sus fuentes de inspiración no se limitan al propio mundo del cómic, y de hecho no tupo reparos en fundir en uno sólo los dos temas que la editorial le había dado a elegir para realizar esta obra.
Protagonizada por una a priori anodina en su normalidad pescadera, “Olimpita” no ofrece moralejas ni soluciones fáciles. En cambio, muestra la realidad del maltratador que no es consciente de que esté haciendo algo malo y de la maltratada que no puede dejar de serlo. Un círculo perverso en el que el personaje del inmigrante aparecerá al mismo tiempo como salvador y como villano, al llegar a ser visto por la víctima como un elemento perturbador de su por otro lado autodestructivo estatus quo.
Los momentos más explícitos y dramáticos no se esconden en una historia caracterizada por los bruscos vaivenes sentimentales de los protagonistas. Frases lapidarias y lirismo que hiela la sonrisa en la cara puntúan un trabajo que exuda un costumbrismo a ras de suelo del barrio de Gràcia barcelonés, cimentado además en un lenguaje naturalista y una construcción de personajes basada en estereotipos fácilmente identificables (Migoya, nacido en Ponferrada, aprovecha para vengarse de un habitante tipo de su tierra de adopción con la tendera madura, racista y, por supuesto, tacaña).
Otra gran noticia de “Olimpita” es la recuperación para el mundo del cómic de Joan Marín, integrante del fructífero colectivo de historietistas valencianos 7 Monos y que, tras unos primeros pasos en editoriales como Dude y publicaciones independientes como “Buen provecho” y “Dos veces breve”, abandonó las viñetas durante unos años para dedicarse por entero a la fotografía. Marín ha afrontado aquí un proceso de concreción (que no simplificación) de su trabajo que lo acerca al gusto del público actual y que no está exento de experimentos formales de cierto riesgo que enriquecen el conjunto de la obra.
En resumen, “Olimpita” supone un peldaño más en la escalada hacia la normalización del tebeo, por abordar sin tapujos cuestiones perfectamente reconocibles y del interés de lectores de toda condición. Si a esto le añadimos el indudable eco que este tipo de trabajos despiertan en los medios de comunicación, no podemos más que desear que la racha siga.
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